Lo anunciamos el viernes por la mañana, y se concretó por la tarde. Un grande abandonó la actividad :

Game, set and match. Elmejortenis había anunciado, el viernes por la mañana, el posible retiro de Guillermo Cañas de la actividad tenística. Y finalmente se terminó de confirmar el rumor en horas de la tarde, tras una conferencia de prensa que llevó a cabo el ex número ocho del mundo.

 

Dijo basta. Lo venía analizando desde fines del año pasado, pero no se animaba despedirse definitivamente. Igualmente, daba señales, al convertirse en el entrenador del chileno Paul Capdeville y del norteamericano Wayne Odesnik. La noticia duele, porque Guillermo supo ser una figura importante para el tenis argentino. Nunca se destacó por sus golpes, pero tenía una garra admirable, la cual lo llevó a dar grandes batacazos. Su mejor posicionamiento en el escalafón mundial fue 8. Pero, generalmente, a lo largo de su carrera, no supo ocupar puestos privilegiados. A pesar de esto, era considerado como un jugador muy peligroso, independientemente del momento que atravesaba. La suspensión de 15 meses que debió cumplir por un positivo de un diurético, no lo derrocaron. Tuvo su revancha. Volvió y se cansó de ganar torneos challengers, ilusionando al pueblo argentino que esperaba ansioso la vuelta del guerrero de Tapiales a los ATP. Cumplió y de que forma. Le ganó a un Roger Federer que pasaba un momento fantástico, con una racha de 41 victorias consecutivas, y en dos ocasiones, humillándolo en el primero de los enfrentamientos. "Las victorias contra Roger y el ascenso al Grupo Mundial de la Davis con el triunfo en el dobles, con Luis Lobo, eso no me lo olvido más", enumeró Cañas, quien contribuyó con esa victoria en duplas al triunfo sobre Bielorrusia en 1999. La victoria por 5-0 en la serie permitió el ascenso a la máxima división de la Davis por primera vez en diez años.

Cañas eligió como despedida a Miami, ciudad en la que fijó residencia a partir de su nuevo trabajo: director de la Cañas Tennis Academy, un centro de entrenamiento que funciona en el mismo club sede del torneo Masters 1000.  "La academia fue un factor que empujó mi decisión, pero la realidad es que no podía competir al cien por ciento por mi lesión de muñeca derecha. Tuve cuatro operaciones en la misma mano y me había prometido no pasar por el quirófano nunca más", contó el ahora ex jugador, de 32 años. El último partido profesional lo jugó ante el italiano Potito Starace en la clasificación de Hamburgo 2009.  "Intenté volver en el US Open, pero me tuve que retirar. A fines del año pasado jugué un par de exhibiciones en la Argentina y ahí estaba casi decidido, pero la determinación final la tomé hace ocho semanas. No quería decirlo antes porque no me parecía serio avisar que me retiraba y después quizá volver", explicó.

Cañas también guardará en la memoria recuerdos malos. "Tendría que decir dos: uno fue la derrota en mi debut en Copa Davis, en Venezuela, un partido que ganaba dos sets a cero y 5-0 en el tercero, y lo perdí. La pasé muy mal después". Tampoco se olvidará de la suspensión por doping que lo mantuvo alejado de las canchas entre junio de 2005 y noviembre de 2006. "Fue un momento feo, pero a la vez puedo decir que pude superar muchos malos momentos en mi carrera y eso me pone orgulloso". "Probé que la sanción era injusta. El regreso al circuito fue difícil. Cuando estás 15 meses fuera, no sabes qué va a pasar. Los challengers fueron clave, poder volver y ganar varios de ellos, y a los pocos meses vencer a Federer ya por el circuito. Fue todo muy rápido, algo increíble".

Atrás quedaron quince temporadas en el circuito, con 7 títulos y 9 finales, y el número 8 del mundo que alcanzó en junio de 2005. En lo más alto quedará la conquista del Masters 2002 de Toronto, con triunfos sobre cuatro top ten en una semana, entre ellos el estadounidense Andy Roddick en la final, en la Copa Davis , protagonizó el punto decisivo para vencer a Belarús en el dobles, junto con Luis Lobo, y lograr el ascenso al Grupo Mundial, en 2001. Y hubo sinsabores, claro, como las lesiones que lo persiguieron en ambas muñecas, y la suspensión de 15 meses que debió cumplir por un positivo de un diurético.

Dos en un corto lapso de tiempo. Agustín Calleri y Guillermo Cañas, ambos íconos de la legión Argentina. Tal vez, “Willy”, no supo ser un jugador muy talentoso. El talento, lo suplantaba con garra. Ese símbolo de lucha, de entrega, esfuerzo, sacrificio y despliegue permanente; a su modo, dejó una huella para el recuerdo dentro del tenis argentino.

FUENTE: DANEL AYESTA

 

 





 
 
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