Si la premonición que habla sobre pánico escénico en Juan Martín Del Potro es correcta, sería un caso ideal para reflejar los perjuicios psicológicos que provoca el tenis. Tiene 21 años, y en los últimos seis ya sintió la dureza que el profesionalismo le dio. Siendo un niño (15 años) se encontraba dentro de los 1000 mejores del mundo. Sus experiencias, en la actualidad, parecen rendirle cuenta de las exigencias del calendario. Inevitablemente se dan una cantidad de circunstancias negativas que afectan la salud mental de los jugadores. El tandilense se está recuperando de una lesión en su muñeca derecha que derivó en el combo de esta situación. En plena adolescencia, las presiones juegan un papel determinante que delinea la personalidad. Obligados a viajar por distintas latitudes del mundo, cambiando sistemáticamente de alimentación, horarios y costumbres, el desafío personal es cada vez más trabajoso. A algunos, esta situación les resulta intolerable y fallan en el intento de llegar a jugar torneos ATP. Otros lo consiguen pero, a futuro, el aspecto mental comienza a jugarles una mala pasada. A la hora de llegar a jugar por los puntos gruesos, para mantenerse en la elite, es indispensable adaptarse rápidamente a las superficies . Es cierto que los jugadores no están obligados a disputar todos los torneos pero, al tener rivales pisándole los talones para arrebatarle su puesto en el ranking, no hay más opciones que hacerlo. Varios argentinos son claros ejemplos de tenistas que pasaron de la cúspide a la base de la pirámide. Gastón Gaudio , siendo un jugador modesto, se alzó con el trofeo de Roland Garros. La fama a nivel mundial le duró apenas un año. El desorden se apoderó de él, y el declive fue notorio. Un ex número tres del mundo, Guillermo Coria, a medida que transcurrían las competencias –y sus frustraciones personales por volver a ser eran cada vez más evidentes-, comenzó a tener un saque digno de una persona que nunca en su vida jugó al tenis. El finalista de Abierto de Francia 2004, luchaba horrores para pasar la red. En los entrenamientos, Guillermo decía que su saque funcionaba “correctamente, pero a la hora de entrar a un court, llega a lograr cifras impensables de dobles faltas”. Con el objetivo de mantener una buena salud mental, en la actualidad, contratar los servicios de un psicólogo para reforzar el grupo de trabajo que rodea a los tenistas es una constante. Y entre sus misiones, acompañan a los pacientes en los viajes.
En 2010, sin ninguna víspera de que la situación gire 180 grados, el circuito continúa siendo una máquina de picar carne.
FUENTE: DANEL AYESTA
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