Otra vez Batman y Robin, la pelicula parisina.


Gracias a Dios, la organización de Roland Garros no les permite a los jugadores ingresar con armas de fuego a el estadio, si así fuera en vez de hablar de las semifinales del certamen deberíamos enfocar esta nota en el fusilamiento en público sufrido por Rafael Nadal y del juicio que debería encarar Jurgen Melzer.

Es que fue tal la impotencia que sintió el austríaco que solo desde la resignación por el nivel del Rafa se puede entender que no haya estrellado su raqueta contra el suelo después de perder 6-2, 6-3 y 7-6. Sabido es que Melzer es conocido como uno de los cascarrabias del circuito.

Lo cierto es que Rafael Nadal entró a la cancha sabiendo que ya Robin Soderling había obtenido su pase a la final del domingo. Por su parte recordemos que Nadal perdió en el 2009 contra el sueco su único partido en Roland Garros, además ese día prácticamente perdió el número uno del mundo. Ahora el destino quiso que si derrota a Soderling en la final recupere ese lugar preciado.

Pero antes de todo eso hubo un partido y en el mismo el español se encargó de mostrar las reales diferencias que tiene con relación al zurdo nacido en Austria. A pesar de que Melzer llegaba a su mejor actuación en un Grand Slam, nada de eso fue suficiente frente al rey de la tierra batida.

En una semifinal tan importante la clave pasa por jugársela y en realidad Melzer salió a complicar al mallorquín con total desparpajo pero, claro, una vez que Nadal le quebró el servicio se llevó el primer parcial por 6-2. La agresividad del austríaco sólo agrandó más al espàñol que estaba esperando su momento para dar el gran zarpaso.

En el segundo parcial, el cuatro veces campeón de este certamen quebró el saque se rival de manera precoz pero sin dudas su propio servicio es el lado más flaco de su juego en estas dos semanas y por eso Melzer volvió a emparejar el set. Sin embargo, con aplomo y gracias a su mayor peso específico, Nadal retomó las riendas del partido y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba 6-2 y 6-3.

Lo que sucedió en el tercer set es complicado de explicar porque siempre será una incógnita saber cual es la razón por la cual es tan díficil cerrar un partido, hasta para los grandes jugadores. Y es que Nadal que fue una maquinita perfectamente aceitada hasta el 5-3 del tercer set, cuando fue a sacar para partido lo perdió en 0 y con una doble falta que a penas llegó a la red.

Lo cierto es que pese a que esa situación lo llenó de coraje a Melzer, el mallorquín sufrió para cerrarlo por 8-6 en tie break donde recíen pudo festejar en su tercer match point. Nobleza obliga y debemos reconocer que a pesar de ser ampliamente superado por momentos por un Nadal intratable, el hijo de Juan Martín Del Potro dio un muy espectáculo y gracias a su mano prodijiosa fue gran responsable del sufrimiento de Nadal.

Ahora el domingo Robin Soderling intentará ponerle otra vez el cascabel al gato y demostrar que haberle ganado en dos años consecutivos en Roland Garros al número uno del mundo no es casualidad y que está preparado para ganar un Grand Slam.

SEBASTIAN SOMMER

 

 

 

 





 
 
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